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El Señor es mi pastor

Un bautizado que no siente necesidad de evangelizar no es buen cristiano, señala el Papa Francisco

El Papa Francisco / Foto: Daniel Ibáñez (ACI Prensa)

El Papa Francisco presidió este domingo el rezo del Ángelus ante unos 15 mil fieles en la Plaza de San Pedro, a quienes explicó las dos características del “estilo del misionero”, y señaló que un bautizado que no siente la necesidad de evangelizar no es un buen cristiano.

Antes del rezo de la oración mariana, el Pontífice reflexionó sobre el pasaje del Evangelio en el que Jesús envía a sus discípulos de dos en dos, “después de haberlos llamado por su nombre” y de que fueran testigos de sus palabras y curaciones.

“Es una especie de ‘entrenamiento’ de lo que serán llamados a hacer después de la Resurrección del Señor con el poder del Espíritu Santo”, afirmó.

En ese sentido, el Santo Padre indicó que este pasaje evangélico “se detiene sobre los estilos del misionero, que podemos resumir en dos puntos: la misión tiene un centro, la misión tiene un rostro”.

El primero, señaló, es que el discípulo misionero “tiene antes que todo un centro de referencia que es la persona de Jesús”, es decir que el trabajo de los doce tiene un centro de irradiación que es reproducir a los demás “la presencia y la obra de Jesús en su acción misionera”.

“Esto muestra cómo los Apóstoles no tienen nada propio que anunciar, ni propia capacidad de demostrar, sino que hablan y actúan como ‘enviados’, como mensajeros de Jesús”, indicó.

Francisco dijo que este episodio concierne también a los cristianos de hoy, “no solo a los sacerdotes, sino a todos los bautizados, llamados a testimoniar en los varios ambientes de su vida el Evangelio de Cristo”.

“También para nosotros esta misión es auténtica solo a partir de su centro inmutable que es Jesús. No es una iniciativa de cada creyente ni de los grupos y menos de las grandes agrupaciones, sino que es la misión de la Iglesia inseparablemente unida a su Señor”.

“Ningún cristiano anuncia el Evangelio ‘por cuenta propia’, sino solo enviado por la Iglesia que ha recibido el mandato del mismo Cristo. Es el bautismo que nos hace misioneros. Un bautizado que no siente la necesidad de anunciar el Evangelio, de anunciar a Jesús, no es un buen cristiano”, afirmó el Papa.

Francisco dijo que “la segunda característica del estilo del misionero es, por así decir, un rostro, que consiste en la pobreza de los medios”.

El equipaje del misionero “responde a un criterio de sobriedad. Los doce, de hecho, tienen la orden de ‘no tomar para el viaje nada más que un bastón: ni panes, ni bolsa, ni dinero en la cintura’. El Maestro los quiere libres y ligeros, sin apoyos y sin favores, seguros solo del amor de Él que los envía, fuertes solo de su palabra que van a anunciar”.

“El bastón y las sandalias son las dotaciones de los peregrinos, porque son mensajeros del reino de Dios, no administradores omnipotentes, funcionarios inamovibles”, indicó.

En ese sentido, invitó a pensar en los santos de la Diócesis de Roma, como San Felipe Neri, Santa Ludovica Albertini, Santa Francesca Romana y muchos otros que “no eran funcionarios ni empresarios, sino humildes trabajadores del Reino”.

Ellos, afirmó el Papa, “tenían este rostro. Y a este ‘rostro’ pertenece también el modo en el cual viene acogido el mensaje: puede de hecho suceder que no sea acogido o escuchado. También esto es pobreza: la experiencia del fracaso”.

“La historia de Jesús, que fue rechazado y crucificado, prefigura el destino de su mensajero. Y solo si estamos unidos a Él, muertos y resucitados, podemos encontrar el coraje de la evangelización”, aseguró.

Finalmente, el Santo Padre pidió que “La Virgen María, primera discípula y misionera de la Palabra de Dios, nos ayude a llevar al mundo el mensaje del Evangelio en una exaltación humilde y radiante, más allá de cualquier rechazo, incomprensión o tribulación”.

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El Papa invita a almorzar a 1.500 pobres en el Vaticano

Por Álvaro de Juana

VATICANO, 19 Nov. 17 / 08:03 am (ACI).- Un día para ellos, para demostrarles que la Iglesia los ama y que son el “corazón del Evangelio”. Un día en el que dejar atrás la indiferencia y en el que tomar conciencia del sufrimiento del prójimo.

Este domingo se ha celebrado la I Jornada Mundial de los Pobres por iniciativa del Papa Francisco. “Estamos llamados a tender la mano a los pobres, a encontrarlos, a mirarlos a los ojos, a abrazarlos, para hacerles sentir el calor del amor que rompe el círculo de soledad. Su mano extendida hacia nosotros es también una llamada a salir de nuestras certezas y comodidades, y a reconocer el valor que tiene la pobreza en sí misma”, dice el Pontífice en el mensaje de esta Jornada.

A primera hora de la mañana, Francisco presidió una solemne Misa en la Basílica de San Pedro en la que participaron unos 8.000 pobres. También enfermos y personas que se ocupan de ellas, miembros de asociaciones e instituciones laicas y religiosas de la Iglesia.

En la homilía recordó que en la debilidad de los pobres “hay una fuerza salvadora”. “Y si a los ojos del mundo tienen poco valor, son ellos los que nos abren el camino hacia el cielo, son nuestro pasaporte para el paraíso”.

Después, el Pontífice rezó el Ángelus desde la ventana del Palacio Apostólico, como hace cada domingo, y rápidamente al acabar se trasladó hasta el Aula Pablo VI, donde ya estaba todo preparado para el almuerzo a 1.500 pobres.

El Papa, entre ellos, les habló, sonrió y animó.  A su llegada les dio la bienvenida y poco después se sentó junto a ellos en una de las mesas preparadas para la comida.

“Sed bienvenidos todos. Preparémonos para este momento juntos. Cada uno de nosotros, con el corazón lleno de buena voluntad y de amistad hacia los otros, compartir el almuerzo y deseándonos lo mejor los unos a los otros.  Ahora, vamos a rezar para que Dios os bendiga, para que bendiga el almuerzo, para que bendiga a todos los que lo han preparado, para nos bendiga a todos nosotros, a nuestros corazones, a nuestras familias, nuestros deseos y nuestras vidas, para que nos de salud y fortaleza”, dijo el Papa al inicio del almuerzo y con un micrófono.

Para que todo saliera a la perfección, los pobres fueron servidos por 40 diáconos de Roma y unos 150 voluntarios de parroquias de otras diócesis de Italia.

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